Maravilloso blog, donde las musas pueden danzar en colores...
http://juancarlosboveriarte.blogspot.com/
miércoles, 15 de febrero de 2012
sábado, 11 de febrero de 2012
Mi carne está en mi
Ningún poder de instintos y deseos de piel supera la necesidad de ternura.
Los ojos que me desnudan de ropa cual lobo hambriento atrapando a su presa,
se olvidan, que el carmín de mi sangre cubriendo latidos es más poderoso que una lengua sosteniendo la columna de otra boca.
Es hermosa mi piel desnuda y de un dulce sabor caliente entre los extremos más fríos; perfumada de hormonas que se rinden entre besos que no llegan a difuminarse en el tiempo.
Es hermosa mi piel cicatrizada de incertidumbre, que se descubre de sutiles velos y en las manos de un amante.
Es hermosa mi piel cuando es mimada, y no solo se culmina de lejanos deseos de uso-desuso, que intuyen de ella, tan sólo, el sostén físico de un cuerpo.
Mi carne está en mi, y mi poder, en el viento, que llega a ti.
Los ojos que me desnudan de ropa cual lobo hambriento atrapando a su presa,
se olvidan, que el carmín de mi sangre cubriendo latidos es más poderoso que una lengua sosteniendo la columna de otra boca.
Es hermosa mi piel desnuda y de un dulce sabor caliente entre los extremos más fríos; perfumada de hormonas que se rinden entre besos que no llegan a difuminarse en el tiempo.
Es hermosa mi piel cicatrizada de incertidumbre, que se descubre de sutiles velos y en las manos de un amante.
Es hermosa mi piel cuando es mimada, y no solo se culmina de lejanos deseos de uso-desuso, que intuyen de ella, tan sólo, el sostén físico de un cuerpo.
Mi carne está en mi, y mi poder, en el viento, que llega a ti.
miércoles, 8 de febrero de 2012
Acordes de soul, una infusión humeante combatiendo el invierno y soledad oscura.
Me descalzo y engarzo mi cuerpo en una silla giratoria, y sueño más rápido de lo que mi mente puede pensar estando despierta.
Tengo miedo: la noche aplasta mis ojos y me aflige tanto como no poder tocar los recuerdos.
Te echo de menos irremediablemente.
Tus párpados ya no me apuntan con sus pestañas, y tu voz, apenas juega en mi garganta.
Me acaricio en tu nombre, pero sólo hay hielo sobre mi.
Se suceden los días, y duelo y resignación han hecho las paces .
He dejado de llorarte. Me he resignado. PERO NO TE OLVIDO: es, ahora, cuando te creces en mi siendo un mito.
Me descalzo y engarzo mi cuerpo en una silla giratoria, y sueño más rápido de lo que mi mente puede pensar estando despierta.
Tengo miedo: la noche aplasta mis ojos y me aflige tanto como no poder tocar los recuerdos.
Te echo de menos irremediablemente.
Tus párpados ya no me apuntan con sus pestañas, y tu voz, apenas juega en mi garganta.
Me acaricio en tu nombre, pero sólo hay hielo sobre mi.
Se suceden los días, y duelo y resignación han hecho las paces .
He dejado de llorarte. Me he resignado. PERO NO TE OLVIDO: es, ahora, cuando te creces en mi siendo un mito.
sábado, 28 de enero de 2012
En mi y de mi, sólo ve el que tiene alas en sus ojos.
No soy una persona fuerte.
Ni siquiera se si soy o quiero ser una persona.
Rozo la anormalidad y me caracterizo por hacer en cada momento lo que me da la gana, pero, he de confesar (a mi misma, básicamente) que a medida que pasa el tiempo, me quedo sin peaje para pagar lo que supone vivir "a mi manera": no es una tendencia autosuicida fumar, beber, follar, tirarse de cabeza y apostar la vida al "todo o nada", tan sólo es una manera de gastar el tiempo como uno estima que debe hacerlo (del tiempo que se nos da, únicamente en eso podemos racionar).
He intentado no desquiciarme.
Caminar despacio como lo hace un secreto deslizado en nuestro oído.
Pero es imposible parar la inercia con la que se mueve todo un planeta.
Silencio y timidez no siempre los llevo de la mano, se muy bien separar el mérito de callar (mérito que no siempre progresa adecuadamente en lo humano), y el don de sonrojar mi mejilla, profanando el blanco de la piel con un rubor promiscuo mientras los ojos vidriosos delatan el "animalillo" que soy ¿y para qué disimular otra cosa? En mi y de mi, sólo ve el que tiene alas en sus ojos.
El sol luce diferente para cada persona, arañando según el dictamen de nuestra piel y el lugar que ocupamos en el mundo: con la piel llena de ampollas y un lugar no definido, me enfundo en el disfraz de la rutina, y aunque parece que todo está en orden, jamás había reinado de forma tan rotunda el caos.
He intentado guardar los alfileres que me hieren, muchos de ellos (la mayoría), con nombre de persona.
Pero los alfileres se alimentan con el miedo, y crecen con él, dañando tanto, que nos podemos pasar la vida corriendo de un lado a otro, sin saber en qué búnker escondernos, ¿nos daremos cuenta que nosotros somos el propio peligro y la única salvación? Al final tenemos una pared en el pecho llena de dagas colocadas en orden y de cicatrices de las que hasta nos sentimos orgullosos.
Amar, sería la única palabra que dejaría en el diccionario, amar en salado, amar en dulce, amar de desayuno, amar de postre, amar, amar, amar... con sexo, sin sexo, con edad y sin edad, con "paro" y sin reparo... pero es tan fácil la teoría y tan difícil cambiar los estereotipos congelados en la hipocresía.
Nunca imaginé que alguien pudiera llamarme poeta.
A mi me tiembla la voz con tan sólo pronunciar esa palabra, pero hace tiempo que dejé de confesar que me aterroriza tal apellido: tengo aún, tanta inmensidad por beber.
Ahora, sólo espero una cuenta atrás, y haber confesado lo suficiente.
No estoy preparada para la decadencia de mi cuerpo. Estoy aterrorizada.
Ya no lloro. Ya no grito. Ya nada me parece injusto.
Me dejo querer, y quiero (mal o bien/bien o mal) lo mejor que puedo.
Al final, es lo único que nos queda, y lo único que queda de nosotros.
Ni siquiera se si soy o quiero ser una persona.
Rozo la anormalidad y me caracterizo por hacer en cada momento lo que me da la gana, pero, he de confesar (a mi misma, básicamente) que a medida que pasa el tiempo, me quedo sin peaje para pagar lo que supone vivir "a mi manera": no es una tendencia autosuicida fumar, beber, follar, tirarse de cabeza y apostar la vida al "todo o nada", tan sólo es una manera de gastar el tiempo como uno estima que debe hacerlo (del tiempo que se nos da, únicamente en eso podemos racionar).
He intentado no desquiciarme.
Caminar despacio como lo hace un secreto deslizado en nuestro oído.
Pero es imposible parar la inercia con la que se mueve todo un planeta.
Silencio y timidez no siempre los llevo de la mano, se muy bien separar el mérito de callar (mérito que no siempre progresa adecuadamente en lo humano), y el don de sonrojar mi mejilla, profanando el blanco de la piel con un rubor promiscuo mientras los ojos vidriosos delatan el "animalillo" que soy ¿y para qué disimular otra cosa? En mi y de mi, sólo ve el que tiene alas en sus ojos.
El sol luce diferente para cada persona, arañando según el dictamen de nuestra piel y el lugar que ocupamos en el mundo: con la piel llena de ampollas y un lugar no definido, me enfundo en el disfraz de la rutina, y aunque parece que todo está en orden, jamás había reinado de forma tan rotunda el caos.
He intentado guardar los alfileres que me hieren, muchos de ellos (la mayoría), con nombre de persona.
Pero los alfileres se alimentan con el miedo, y crecen con él, dañando tanto, que nos podemos pasar la vida corriendo de un lado a otro, sin saber en qué búnker escondernos, ¿nos daremos cuenta que nosotros somos el propio peligro y la única salvación? Al final tenemos una pared en el pecho llena de dagas colocadas en orden y de cicatrices de las que hasta nos sentimos orgullosos.
Amar, sería la única palabra que dejaría en el diccionario, amar en salado, amar en dulce, amar de desayuno, amar de postre, amar, amar, amar... con sexo, sin sexo, con edad y sin edad, con "paro" y sin reparo... pero es tan fácil la teoría y tan difícil cambiar los estereotipos congelados en la hipocresía.
Nunca imaginé que alguien pudiera llamarme poeta.
A mi me tiembla la voz con tan sólo pronunciar esa palabra, pero hace tiempo que dejé de confesar que me aterroriza tal apellido: tengo aún, tanta inmensidad por beber.
Ahora, sólo espero una cuenta atrás, y haber confesado lo suficiente.
No estoy preparada para la decadencia de mi cuerpo. Estoy aterrorizada.
Ya no lloro. Ya no grito. Ya nada me parece injusto.
Me dejo querer, y quiero (mal o bien/bien o mal) lo mejor que puedo.
Al final, es lo único que nos queda, y lo único que queda de nosotros.
Sálvame de esta oscuridad
de estar inmersa en mi.
(Mayte Albores)
miércoles, 21 de diciembre de 2011
La huida
Hoy un único verso alumbra esta noche de ausencias y luna mordida.
Pero como los mejores versos no son los que se escriben sino los que danzan silenciosos entre el aire, dejo que desde mi retina se quede grabada la estela que iluminaría la mejor de las poesías. Sólo quien sepa leer una mirada, sabrá que hay algo escrito en cada milímetro de ella.
Busco sedienta de sonrisas, y me amparo de buena gana en aquella naturaleza que pareciera muerta y revive en mis manos milagrosamente entre la tinta y un papel. En otras ocasiones no tengo tanta suerte y, ya llena de cansancio, me pierdo en las mayores banalidades, mientras un sólo deseo revolotea la esfera que me permite respirar: ¿ilusión?
Es tan maravillosa la vida y a la vez tan cambiante ante días de rutina que parecen no pasar, que uno se pregunta "¿cómo acceder a ese paraíso que es sólo nuestro y de/para nosotros?"
Es tan dulce el silencio de una noche tranquila y tan hiriente la eternidad de una palabra callada. Es tan grato amar y tan fácil acostumbrarse a ser amado. Es tan complicado despojarnos de todo ese abusivo peso que de nada nos sirve y pasar página así como pasan las estaciones y con ellas los años... que terminar enloquecida entre letras que susurran al oído, sería un final demasiado romántico para ser real, por eso ni espero que ocurra.
Cuando la luna está mordida, intentamos rellenarla con los sueños que nos cuelgan, que son tantos, y seguimos contando los días, aquellos que nunca nos serán suficientes.
De la vida y la "no" vida, el único miedo que deberíamos tener es no haber dicho tantas veces "te quiero" como necesitamos hacerlo, y sobretodo, no haber dado la oportunidad de que nos lo digan.
Por eso, tiemblo como no había temblado nunca, creo que voy perdiendo facultades ¿será el motivo, que en esta noche de ausencias la luna está mordida y a ella se fue mi corazón?
viernes, 18 de noviembre de 2011
Un deseo
Ninguna tormenta se espera a pesar de ver el cielo muy negro, por eso dicen que vivir es un desafío (yo digo que esto, sólo nos ocurre a los humanos).
Lo mejor es hacer apuestas por la vida y, en ella, vivir.
Yo no me calzo zapatos en los días de lluvia, ¿cómo podrían, sino, explicar mis pies, el sabor que tiene la lluvia sobre el asfalto o sobre un trozo de campo? Tan extravagantemente vivo la vida, que por sentir, se derrumban las dos columnas que sostienen la gran entrada que lleva a mi.
Desafiar los principios básicos de cómo deben ser las cosas, es más o menos fácil, pero aún, no sé cómo desafiar cuando soy yo la que sin hacer señales de humo, resbala lágrimas por dentro. Y hoy, ciertamente, que no tengo ganas de hacer el más mínimo esfuerzo, resbalo.
Ayer, intentaba reconducirme al volante del coche y pensaba, que apagar la intensidad de las cosas sobre cualquier banalidad efímera, no es una solución permanente. Y hoy, ciertamente, que no tengo ganas de hacer el más mínimo esfuerzo, lo compruebo.
Huele a tabaco aunque pisemos la colilla.
Huele al último trago, a la última copa en la que dentro dibujé su nombre. Huele al trote y al galope de un tiempo tajante.
Huelo a todos los pasos que di, y a todos los caminos que han sido mi plataforma, pero daría cientos de días de mi vida por volver, por recuperar un sólo minuto del ayer.
Siempre he sido tan boba, que he pensado en mis mayores agonías, que podría incluso resucitar a los muertos.
Y despierto del éxtasis y salgo de ese escondite al que me lleva la luna. Y ya no quiero oler a nada, ser aséptica dentro y fuera de este segundo eterno que me ha tocado vivir.
Duelo tanto que a veces incluso puedo escuchar la carcajada del sol en una noche con amanecer directo (¿dónde se irán los sueños en todas esas camas despiertas, en todas esas sábanas usadas de pañuelo, en ese mundo al revés donde se comienza a vivir cuando se está llegando al final?)
Sólo tengo un deseo: volver a nacer dentro de ti, ser una célula de tu sangre, cosquillearte, abrazarte, respirar-te cuando no tengas fuerzas, darte el calor que el frío te roba, y sobretodo, no enamorarme de nada en concreto y seguir siendo la misma adúltera que se enamora de todo. Así, somos los excéntricos, alta montaña elevada y alzada al horizonte, con despeñadero interno en el que nos vamos desmoronando invisiblemente por la brisa de un copo de nieve.
Así, soy yo.
lunes, 24 de octubre de 2011
El recuerdo de Martín en "Colga2"
Un fado lento que dice "ai vida", impregnando los pedazos que quedan de mi entre piel y piel, no sé si es la mejor de las opciones para levantarse de nuevo y seguir.
Si todavía Martín estuviera a mi lado, me hubiera cogido de las manos para ponerme en pie y apoyar mi cabeza sobre su pecho: tenía un latido perfecto, como perfecto era el corte de sus uñas, como perfecto el sonido de su sonrisa, como perfecto era el amor que yo sentía, tan perfecto que vuelve a darme miedo pensarlo, por si también me roban mi capacidad para recordar lo bueno y lo malo de todo aquello.
El porqué, no lo sé, pero sí es verdad que hay días en los que sonríes más que otros, en los que disimulas más que otros, en los que lloras más que otros.
El porqué, no lo sé, pero he odiado tantas veces esta vida, este dolor que me convierte en un débil susurro de mujer envenenada por un amor sin pretensiones ni disposiciones.
Y a Martín, "el amor y el hombre", también, también lo estuve odiando mucho tiempo, porque aunque yo sabía de todas sus mentiras, dejaban de importarme cuando me besaba.
Ahora, que ya no tengo ni besos ni mentiras, estoy totalmente paralizada entre fados, recuerdos y copas de licor, con esta quietud tratando de encontrar en mi y para mi, el amor que no tuve de otros (lo más coherente, tal vez, para empezar de nuevo, para empezar bien será quererme más que a nadie, y no querer a nadie más que a mi, pero eso es lo que me dice mi coherencia social, mi corazón sigue siendo una república).
Éste podría ser un buen comienzo para empezar mi sesión de Alcohólicos anónimos:
- "Lo amaba. Lo amé y lo amo. Me mentía, y yo creí que cambiaría una y otra vez. Y lo esperé cada noche a deshoras. Y dejé de utilizar mi perfume para ponerme el suyo y seguir oliéndole en sus días de ausencia. Y seguí, en los momentos especiales, preparando el cava o el vino para brindar a su llegada, por nosotros, y al final, siempre se convertía en borracheras solitarias de alcohol y llanto".
Y a Martín, "el amor y el hombre", también, también lo estuve odiando mucho tiempo, porque aunque yo sabía de todas sus mentiras, dejaban de importarme cuando me besaba.
Ahora, que ya no tengo ni besos ni mentiras, estoy totalmente paralizada entre fados, recuerdos y copas de licor, con esta quietud tratando de encontrar en mi y para mi, el amor que no tuve de otros (lo más coherente, tal vez, para empezar de nuevo, para empezar bien será quererme más que a nadie, y no querer a nadie más que a mi, pero eso es lo que me dice mi coherencia social, mi corazón sigue siendo una república).
Éste podría ser un buen comienzo para empezar mi sesión de Alcohólicos anónimos:
- "Lo amaba. Lo amé y lo amo. Me mentía, y yo creí que cambiaría una y otra vez. Y lo esperé cada noche a deshoras. Y dejé de utilizar mi perfume para ponerme el suyo y seguir oliéndole en sus días de ausencia. Y seguí, en los momentos especiales, preparando el cava o el vino para brindar a su llegada, por nosotros, y al final, siempre se convertía en borracheras solitarias de alcohol y llanto".
Lucía me dijo que ella se enamoró de un hombre en París, y que tampoco lo ha olvidado, me sorprendió su historia y mucho más que le hubiera pasado a ella, tan guapa, tan segura, tan inteligente, "tan tanto". Pero ya me dijo, "Lola, tú sabes que a veces, las montañas no son roca dura, sino acumulación de granos de arena que al primer soplo se tumban".
Su historia parecía la de una trágica película, la típica historia que tocaría empezar muy bien, que por un momento se pone "fea", pero siempre tiene ese final feliz (el que aún, Lucía, sigue buscando; el que aún, a Lucía, no le ha llegado).
Su historia parecía la de una trágica película, la típica historia que tocaría empezar muy bien, que por un momento se pone "fea", pero siempre tiene ese final feliz (el que aún, Lucía, sigue buscando; el que aún, a Lucía, no le ha llegado).
Y yo le pregunté que porqué nos pasa esto, porqué nos tenemos que "colgar" de todos los mamarrachos que tienen un máster en provocar soledad e inseguridad: "Cariño, no son ellos, somos nosotras que nos vestimos de cebo, y al final somos cebo, gancho y presa".
Le dije a Lucía: "definitivamente, ya he dejado de pensar que el amor me haya tratado mal, creo sencillamente que no me ha tratado nunca".
(De la novela inédita "Colga2" - Mayte Albores)
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