<Versos tweeteados (no más de 140 caracteres) de Francisco J. Picón>
Es bastante extraño sentir esta honda inquietud.
La misma que podría tener una tortuga de mar que sale del cascarón, que corre no sabe a dónde salpicando arena hacia atrás para conseguir el mar por delante, para vivir.
Esta necesidad, una vez pasados los años, no cambia por más que lleguemos exhaustos cada día y el sofá sea el recline que nos espera, la única meta donde nuestro cuerpo se desvincula de un "somos" de pensamiento y acción; ansiando, la mente, quedarse tan plana y dura como un suelo de hormigón.
El camino, el largo camino de ida y vuelta, mínimo diez viajes semanales mirando por la misma ventanilla del autobús número 3, estampando contra ella imágenes que se disuelven una tras otra, nos presta la aventura de imaginar (para quien no ha perdido las facultades por completo) mil vidas mejores y ninguna propia. Hasta que llega la parada donde es necesario bajar y sacar los candados que se clavan uno a uno a aquellos posibles sueños.
Que mayor esclavitud, la de mirar alrededor y comprender todas las palabras, saberse un extenso vocabulario y, sin embargo, hablar un idioma tan diferente como para ser extranjero hasta de las cuerdas vocales que visten la garganta.
Es un castigo lento y doloroso.
No soy lejana. Tampoco soy una mujer cercana.
Simplemente soy y estoy hecha de un idioma diferente, de un silencio aterrador que se rompe con las hadas, y con los extraños seres que me rozan los dedos y me agarran en esa voluntad de amasar las nubes, contemplar como piratas un mar rojo o un lago rosa.
Ya no me asusta el paso del tiempo.
Me asusta que pases tú, y no te quedes a mi lado; y me asusta no saber cómo decir que te quiero, que las palabras las trago antes de pronunciarlas y luego no hay quien las encuentre. Siempre tengo el miedo tiñendo los ojos, el mismo miedo de "un carne roja" cuando se acerca el cazador para rematarlo con un machetazo para ahorrar en munición.
Mi reloj no hace tic tac, hace un intermitente tic que molesta. Mi corazón no hace "pompóm", da tumbos descompensados y acelera y desacelera hasta quedarse dormido de vez en cuando.
Cantaba a escondidas, rezaba en público, y soñaba bajo las sábanas.
Ahora canto a todas horas, me escondo del público, y bajo las sábanas dejo el colchón desnudo que, sobre ellas, me gusta hacer el amor.
Con la fragilidad de un pétalo deshojado, mantengo erguido el tallo leñoso y el orgullo de seguir viva, con círculos concéntricos que hablan por mi.
Saludo la mañana y espero, siempre espero, a que me amen de nuevo en el ocaso de mis mejillas, en el blanco de los ojos, en el rojo de mis besos. En ausencias de vergüenzas, en venganza de los miedos.
Espero, siempre espero a que me amen de nuevo, aunque yo (cierto sé) no sepa amar.
Me llamo Mayte. Mi nombre se debe, igual que mi persona, a un cúmulo de acontecimientos casuales que nada hacían presagiar que yo iba a estar aquí. Eso, ya tiene matices de un destino que, tal vez, determine que mi sombra sea lo que voy a contar ahora.
Importarme la imagen o la proyección de mi persona, me importa poco que menos a estas alturas de la película (y esta resta sumatoria de insignificancias por las que no caer, son las que me mantienen en la órbita de seguir haciendo y haciéndome fuerte). Es por eso que, con precedente y antecedentes, cuento qué es lo que me acontece ahora y cómo la vida se burla continuamente de esta mujer.
Conocí a una persona muy especial. De esas personas que te llegan en el momento que necesitas un masaje cardiaco para no morir. De esas que te leen las manos y auguran providencia esté o no escrita porque la escriben sobre el infortunio. De las que calzan tus zapatos para compartir las huellas...
En nuestras conversaciones de "vaivén" me hizo la siguiente pregunta:
- Mayte, ¿no te ha pasado que en tu vida se repiten continuamente los mismos patrones?
Yo, pensé y pensé, pero en ese momento no supe contestar nada concreto.
Días después, llegué y le dije:
- ¡Ya lo sé! Sí, ya sé cuál es el patrón que se repite en mi vida continuamente: la distancia.
Mi vida está marcada por la distancia, por los huecos, por los espacios con huellas que quedan grandes a la planta de mis pies y aún tirándome de cabeza con todo mi cuerpo sería incapaz de supurar cuantas marcas deja lo que un día estuvo y ahora marcha...
Las personas más importantes de mi vida han tenido que marcharse, a otra ciudad, a otra vida o otra muerte.
Las personas que podrían haber sido importantes en mi vida han tenido que marcharse, a otro momento o a otro estadio.
Y yo, aquí me quedo viendo pasar las estaciones y cómo pasa mi propia vida, contando palillos, marcas en la pared, días del calendario, olvidando la edad que tengo y, sumando heridas sin cabida y sin piel. Y me hago pellejo y destilo un músculo desvalido y desprovisto de carne y grasa. Ardo.
Sí. Apuntando con un dedo sobre un mapa tengo ciudades, casas que visitar.
También puedo leer lápidas y contar anécdotas al aire, de ésas que sólo sabe uno y que, egoístamente se traga de golpe para no ser "pillado" en lucubraciones. Y allá aquel que lo haga, que lucubre presunciones como un arquitecto ideando obras, que yo mi tiempo lo persigo con guantes para robarle lo máximo que pueda.
He desaprendido a rezar al escuchar a Bob Dylan y a Janis Joplin. En las fiestas de aniversarios (cualesquiera que sean) no me importa bailar paquito el chocolatero, que de vez en cuando la verbena con la macarena tiene su aquel.
En las noches, cualquier cantautor del siglo que sea que fríe las entrañas y las sirve desprovistas de paja y pan, es buena compañía, y al tiempo, juego a ser inmune a la muchedumbre y asfalto duro sobre el que sería imposible caminar descalzo.
Quisiera hacer como Thelma y Louise y huir en un viejo coche con el mar dentro de la maleta; una terapia que me dejase inmune al infortunio de no asumir mi propio yo en esta soledad que se multiplica cuando te acostumbras a las sonrisas que abrazan, a la complicidad que te sabe.
¿Sabes?
A veces creo que todo lo que toco se convierte en cambio.
Sí, esa es la historia que se repite, Ana.
Esa es la maldita historia que se repite.
Son "hasta luegos" de trampolín, que por aquí (o por allí) la voluntad está por encima de todo, y déjame que te cuente que siempre os veo pasar para ir a algo mejor.
Por eso, ¿para qué rezar?, es mejor seguir siendo una "Little Girl Blue"... nada nos pertenece más que el sueño.
Mis rizos parecían un nido para todos los zumbidos enredados dentro y sobre mi.
En estos casos, de días nublados con rayos bien definidos dibujando mis ideas, doy vueltas de campana en el colchón y pateo las sábanas como si fueran sacos de boxeo, que terminan haciendo función de alfombra, luego de vestido romano cuando me levanto enrollándome en ellas como una egipcia en el panteón.
Recuerdo como, antes, cuando la ciencia no era más que ficción, a los enfermos de epilepsia se les consideraba unos endemoniados. Sin embargo, el tiempo nos deja avanzar en nuestros prejuicios, y cuando eso ocurre uno se pregunta que ¿quién podrá restituir el sufrimiento de un rechazado?
Querida amiga, nosotras estamos enfermas de poesía y amor, endemoniadas y tocadas por los dioses profundos de la necesidad, no queremos curarnos de nuestros males porque son nuestros males el único ombligo por donde nos alimentamos.
Una vez me enamoré de un viejo cuervo que iba perdiendo ese espléndido plumaje azabache. Era imposible comprender cómo una sirena que no sabía nadar y que se arrastraba a los pies de las playas podía haberse fijado en ese largo pico, en ese cielo de alas batidas, y yo, siempre supe que difícilmente podría explicar mis coletazos al aire para atrapar las nubes que aquel cuervo besaba a su paso; pero la vida sólo puede comprenderse desde las cosas extraordinarias.
Ahora, en mi cadera, tengo tatuado un cuervo y verás que mi mano no deja de apoyarse en ese, mi hueso preferido. Nadie lo entiende. ¿Acaso entendemos, si queremos hacerlo, el porqué estamos aquí y cómo, de qué modo, a qué se debe...?
Somos absurdos por naturaleza.
Yo, no sé si te entiendo, supongo que caminar descalza me quema igual que te quema a ti, pero, aún sigo disfrutando de ello, y no pregunto nada más: te curo, me curas, reímos despellejadas y lloramos mientras nos vestimos de nuevo.
Después del cuervo, fui cada noche difunta a un acantilado donde tenía conversaciones profundas con el espacio vacío. Y allí, volví a enamorarme de una pequeña roca que siempre, permanecía espléndida en su sitio, enfocada a los cambios de la luna.
Sabes lo que te voy a decir, querida amiga, que tampoco nadie entendió porqué mis visitas fueron cada vez más frecuentes, y yo no buscaba respuestas para nadie, ni siquiera para mi, porque una única cosa sería cierta de todo lo que pudiera decir: me sentía profunda y llena en esa honda necesidad.
Un día, al volver a ese acantilado, aquella piedra ya no estaba. Me percaté que un joven la había cogido y la había estampado haciendo "eses" contra el abrupto paisaje que nos fue testigo. Lloré y grité desgarrando la soledad de la que siempre había sido consciente y el joven, se acercó a prestarme ayuda intentando adivinar a que se debía tanto desconsuelo.
- He "perdido" algo que nunca me perteneció, pero siempre estuvo ahí, a mi lado.
- Vaya, lo siento - contestó él - ¿puedo ayudarte?
- No. Será imposible entre esta inmensidad volver a recuperar la piedra que has tirado.
- Sólo era una piedra.
- Sobre esa piedra se alzaba la luna. Sobre esa piedra lloré y guardaba las lágrimas que depuré en nombre de un amor sellado: me enamoré de un viejo cuervo sin plumaje al que vi cruzar el reino de los cielos. En esa piedra germinó un musgo de invierno y sobre él la flor más pequeña y hermosa que jamás había observado... por eso sé, que el hombre sólo es un hombre y en ocasiones olvida todo y hasta pierde todo valor al lanzar una piedra porque "sólo es una piedra muda y sostén del paso de los ciclos de la vida".
El joven no entendió una sola palabra de lo que dije (tendríamos que leer un millón de veces para desgranar un millón de metáforas). No se esforzó por entenderme, pero hizo lo que le hizo recuperar su grandeza avivando en mi admiración hacia él: me abrazó y secó una a una mis lágrimas, sembrándolas sobre si: "sólo soy un hombre y quisiera ser esa piedra que jamás te abandonó, por eso ahora me impregno de tus lágrimas"
Seguramente, querida amiga, tú y yo en una heladería disfrutaríamos de un helado de diferente sabor ¿acaso importa? lo que importa es que NOS DISFRUTARÍAMOS JUNTAS: siempre juntas.
Tengo 28 años y dicen que cuando nací caí del cielo, que del cielo quedó un pedazo en mis ojos y que aullaba por las noches, y que por eso tengo un ojo azul profundo y el otro hace vetas verdosas que bailan entre mi pupila. Que miro como un lobo y sonrío como un cachorro.
Siempre, toda vida tiene una vertiente romántica cuando es vista desde fuera, y siempre, siempre, toda vida tiene una etapa de aprendizaje precedido por la superación.
Me llamo Pablo, y mi amiga me ha prometido que contará la historia que quedará estampada en la calzada de mi ciudad. Que bajo mi piel los gusanos comerán lo que parecía un futuro brillante y, que abrazará a mi madre cuando yo no esté.
Mi amiga se ríe y me dice "vaya dos nos hemos juntado", y a veces me canta canciones y me dice "estas sólo te las canto a ti", y aunque sólo se lo dije una vez, ella ya sabe que me vuelve loco y le digo: "no dejes de hacerlo".
Le he escrito muchas cartas que, me ha confesado, guarda bajo candado en una pequeña maleta azul, junto a sus partituras y pequeñas composiciones. Ella no sabe que ésta, será la última vez que lo haga, que he subido muchas veces al último piso de mi vida y luego he bajado y la he llamado. Cuando así ha sido, sin pensarlo ha venido corriendo fuera la hora que fuera, y nos hemos abrazado hasta caernos al suelo y volver a reír después de llorar.
Yo le digo que quisiera ver como es capaz de levantar el aplauso, cantando, de todo un teatro, y que lo logrará. Se ríe y me dice: "tú conmigo". Y le digo lo guapa que es, cómo su sonrisa se prolonga a lo largo de los días en mi memoria, y que mientras pueda le daré la mano y levantaremos juntos ese teatro que está esperando descubrirla, porque me dice, que si yo no estoy para verlo no quiere ni música ni canción. Tiene diez años menos que yo y diez años más de posibilidades.
Pero pienso, que si algún día no estoy, se olvidará pronto de sus miedos y su necesidad de mi, y seguirá con su pasión. Yo ya estoy cansado. Muy cansado.
Mi última frase no será para mi familia. Mi última frase no será para mi chica. Mi última frase será para mi niña, mi niña preciosa: "mi niña, eres muy especial, no des nunca un paso atrás; olvida, si es necesario, que me has conocido. Me avergüenza no haber estado como debía, no tengo nada que ofrecer ni a ti ni a nadie. Aunque dejes de verme, no me iré de tu lado, te mandaré fuerzas esté donde esté y verás que la vida será la respuesta a nuestros sueños, y que tú la sabrás aprovechar mejor que yo. Abraza a nuestro amigo, no le digas que te escribí, y a Carmen, y tampoco le digas nada. Saldrás adelante"
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Tengo 18 años, hace cuatro me quedaban apenas dos cursos para terminar mi carrera universitaria. Pero quería ser una chica normal y contra todo pronóstico, abandoné.
Hace un año, el hermano de un amigo común nos presentó. Y nos reconocimos.
Con el tiempo, decidimos ir juntos a terapia. Eso me daba fuerza.
Con el tiempo, empecé a colarme en el zulo de su trabajo. Me explicaba qué eran unas y otras luces y todo lo que podía controlar desde aquella máquina, "esto es un ordenador superinteligente, mi niña". Mis ojos se abrían hasta dar vértigo, estoy segura, pero es que yo no controlaba casi ni la entrada de mails.
A veces, venía a recogerme al instituto. Yo salía unas horas antes sin que nadie lo supiera y nos perdíamos en mañanas profundas (...)
Un día, me llamó su padre:
- Sara, Pablo se ha ido.
- ¿Se ha ido?¿a dónde se ha ido? seguro que necesitaba pensar, voy a colgar por si me llama, Paco, seguro que me llama no te preocupes.
- No, Sara, Pablo no volverá nunca más -se cortó la voz por unos segundos, y titubeando terminó la frase- ha dejado una nota diciendo que tus cosas están en el bolsillo de tu mochila y que nos quiere a todos.
- ¿Una nota? qué dices, Paco, qué dices... -me puse a llorar sin saber si gritaba o hablaba o si decía algo con sentido.
- Cariño, él te quería - pi, pi, pi, pi, pi, pi,... la comunicación se cortó.
Salí corriendo y rebusqué por mi mochila. Sí, paseando por la mañana me había dicho muchas cosas, e iba con la maleta colgada de un hombro y yo me reía diciendo: "pareces un compi de clase".
Encontré en un bolsillo un papel: "mi niña, eres muy especial, no des nunca un paso atrás; olvida, si
es necesario, que me has conocido. Me avergüenza no haber estado como
debía, no tengo nada que ofrecer ni a ti ni a nadie. Aunque dejes de
verme, no me iré de tu lado, te mandaré fuerzas esté donde esté y verás
que la vida será la respuesta a nuestros sueños, y que tú la sabrás
aprovechar mejor que yo. Abraza a nuestro amigo, no le digas que te
escribí, y a Carmen, y tampoco le digas nada. Saldrás adelante"
Al final, él fue parte de ese 10 por ciento de enfermos que, o muere como consecuencia directa de la anorexia, o termina suicidándose. "¿Eligió?"; Eligió un último vuelo y estampar su cuerpo contra el portal donde tantas veces había ido a buscarle, y me preguntaba, "esta vez ¿porqué no me había llamado para abrazarlo hasta caernos juntos llorando?" (siempre decía "tú eres más fuerte y mejor que yo"). No sé cómo pudo, pero casi me voy detrás.
A mi siguiente concierto, no pude subir.
Al siguiente, me quedé en blanco.
Al siguiente, me desmayé.
Y ya no hubo siguientes. Sólo él escucharía, antes vivo, y ahora en esa promesa de acompañarme desde la nada, mis canciones.
(***)
Ya no tendría más amigos como él. Ya no me caería al suelo abrazando a nadie. Difícilmente podría superar esto...
No sé si podría haber hecho algo más, si hice algo menos, pero nuestra entera salvación difícilmente está en manos de nadie.
Proyectarme en superar esto, iba a ser una ardua tarea. Al primer gemido de un ser querido me haría salir corriendo provocándome desear siempre la salvación ajena antes que la mía. El trauma me perseguiría durante noches enteras, en las que las sabanas pesaban como una tumba...
**De la novela: CUANDO LA MUERTE DIJO "no soy opción"**
Después de ti,
sólo me queda esperar para
ver el ocaso de todos los días.
domingo, 6 de mayo de 2012
Soy lágrimas de cristal, prisma de colores.
Exploto y me clavo en cada hueco en el que se me permite
a modo de agua filtrada por cualquier espacio poroso por
donde escurrirse, correrse, prolongarse...
Y aviso, que quien avisa no es traidor,
y me libero de traiciones o las disfrazo,
que al final, unos labios calientes vistiendo
de baile último una noche cualquiera,
son la carroña que me permite amanecer,
sobrevivir hasta que la vida me encuentre de nuevo,
y le cante al "amor": ¿qué es el amor?
Tengo una degeneración que avanza poco a poco: pérdida de tono muscular, dolor inclemente, cansancio crónico y conexiones neuronales ralentizadas.
A veces pienso que no he tratado mi cuerpo como se merecía, que lo he castigado como disciplina por pertenecer a un grupo social en el que no me reconozco. Pero nada importa ya, autoflagelarse no es el mejor método para avanzar.
Mi juventud es una osada que le reta el pulso a cualquier humano con muchos años rodados. Siempre elegí los caminos más complicados y, como rutina, así debía ser mi destino.
No hago planes a largo plazo, siempre, sujeta al dolor, a la medicación, a las crisis y al devenir, pronuncio la misma frase que deberíamos pronunciar en condiciones extremas y en condiciones superfluas: "¿quién sabe dónde estaré mañana?".
Estoy harta de que me pregunten cómo estoy. De que me recuerden el cambio físico y cómo va minando mi sentencia alrededor no sólo de mis pupilas sino también en el arco de mis arrugas.
Cada vez se endurecen más mis facciones alrededor de la sonrisa y mi mirada cae como una puesta de sol permanente. Pero no por ello dejo de levantarme cada día, trabajar, escribir, y marcar mis pasos como la única meta que a día de hoy puedo plantearme.
No doy excesivas explicaciones aunque, se pueda entrever entre espacio y espacio que aquella que fui ha volado por detrás de orejas mudas.
Siento que camino sobre un precioso techo de cristal, vértigo y observación son las mayores sensaciones que me acontecen, pero soy consciente que en cualquier momento todo podría reventar sobre mi.
Antes, soñaba y, esperaba que en una amplia caída hubiera siempre un entretejido de brazos que amortiguaran el golpe. Pero hay golpes que nos esperan y el simple hecho de intentar evitarlos provoca que nos den más fuerte.
Asumida que al final la vida es una derrota si nuestra pretensión es permanecer, sólo podemos "jugar" a ser y ser nosotros mismos, independientemente de los juicios, prejuicios y "perjuicios" a los que cualquiera sin conocernos pueda disponernos.
Llega un momento en que el aliento es tan corto que, la dirección de éste, termina afinando sutilmente hacia el lugar donde merece la pena, y uno mismo piensa que si esa energía se hubiera optimizado siempre de este modo, habría subido cordilleras ilimitadas con sólo suspirar.
Que la huella hable por mi, pero si ha de hablar solo a medias, que se haga fugaz, me calle, me olvide y ceda el lugar a toda maravilla que se está gestando en cada vientre.
"Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo."
Thomas Carlyle 1795-1881
Si se siembra la semilla con fe y se cuida con perseverancia, sólo será cuestión de tiempo recoger sus frutos.
Alimento de palabras...
Y siempre te diré:
Nunca tendré la certeza de saber si he llegado a ti...
Nunca sabré hasta que punto te he tocado el alma...
Nunca podré lamer tu corazón en su latir...
Nunca alcanzaré una nube con la mano para escribirla...
Nunca habrá suficiente... y suficiente es el poco de nada...
(Mayte)
Grandes historias se han contado...
Y grandes historias se contarán... Yo quiero dejar una huella de la locura de vivir al límite, con pies delcalzos para sentir el frio más frio, el calor más caliente, para intuir el dolor antes de sentirlo y así poder sortearlo, y para recoger algún día la frase que pueda resumir en poco lo mucho.
Los que fueron grandes por su arte de comunicar con su don a través de la música, la escritura, la pintura, y otras múltiples expresiones... permanecerán vivos y grandes para toda la vida, porque seguiremos admirando su obra. Y esa obra que es eterna, los hará a ellos inmortales. By Mayte Albores.
Saborea-me con cada palabra que mi lengua se parte en dos para atraparte en mi mundo