domingo, 3 de noviembre de 2013

A Luis Cadenas

Los caminos, incluso oscuros, llevan a algún lugar donde luce el sol; así la noche al día o el abrirse paso de un vientre hacia los muslos de una madre.

Algo que me marcó para siempre, y que para siempre permanecerá en mí, fue el momento en el que un señor, como Cadenas, me dijo (y dejó a la vez por escrito en su disco) algo así como "has sido lo más bonito que me ha pasado este año"


Yo hablo mucha paja y callo más miseria que chicha; y digo cuando no toca y cuando toca callo para siempre como  si el diablo estuviera apuntándome con sus cuernos hasta las mismas entrañas.

No sé si rozo la locura con tal exquisitez que la frontera entre la razón y el desastre humano se difuminan de tal modo que ya no pueden hacerse apuestas ni del color en que sangraré las heridas; pero lo cierto, es que en realidad, lo más bonito que me ha ocurrido a mí, ha sido conocerte, porque conocerte ha significado atravesar las vendas que momificaban lo que soy, despertar a la realidad de un mundo que, aunque a veces duela, merece la pena con personas (y artistas) como tú.

En la vida imaginé que necesitaría abrazarte tanto, tanto, como tan parte de mí eres ya.

Es difícil ser objetiva, cualquier cosa que puedas crear, para mí, va a ser (simplemente) maravillosa.


¿Vamos?

Mayte Albores
03/11/13

Último Disco de Luis Cadenas


viernes, 30 de agosto de 2013

La vida está cargada de leyendas, de mitos, de símbolos y de multitud de creencias.

En mi caso, no sé si creo en todo o ya no me creo nada, porque me quedan pocas cosas en las que creer. Pero hay algo que no deja de taladrarme por dentro de forma casi dramática y cada vez con más intensidad:



"Pensaba en esa falsa creencia en la que las personas suponen 
que al coger una mariposa deja de volar por perder el polvillo de sus alas que 
queda pegado a nuestros dedos, 
sin embargo, en realidad lo que ha ocurrido es que 
son tan frágiles que las fracturamos. 

Así pues, me veo toda "yo" 
como dos pequeñas alas de colores suspendidas en el aire, 
casi invitando al deseo de caer en manos ajenas.

Tengo tantas fracturas casi como las personas que, con amor, han pasado por mi vida.

A veces, la distancia me ayuda a recuperarme; 
a veces, me veo distante y en esa suspensión huyendo de cuanto me rodea; 
a veces, no es egoísmo, sino supervivencia.

Siempre he sido consciente de que no sé escribir. 
De que no sé hablar. De que no sé comunicar cuanto habita en mí; 
sin embargo, qué bien puede disimularse, 
 esa mínima expresión de la que yo soy consciente (no tanto desde el exterior)
y que aún así declara el pozo profundo que me sumerge, que me rapta.
 
Me pierdo en pensamientos que permiten viajar hacia lo astral,
hacia el deseo de enloquecer,
hacia el borde de cruzar las puertas de ese"sin retorno"
que daría mi cuerpo al abandono hacia las drogas 
y al más puro silencio de lo terrenal y lo científico.

Siempre he sabido que yo hablo de labio a labio, 
que escribo de piel a piel. 
Que las manos pueden abrirse al tamaño del pecho
 para descansarlas sobre un pezón que grita cosquilleando y arañando 
las palmas que lo protegerán del desamor, 
ése mismo que raja profundamente los latidos en desolados azotes, 
quebrando invisiblemente las costillas. 

Me gusta dar la espalda al frío y sentir vestida la desnudez con la piel caliente 
de cualquiera que pueda dar un amor contenido 
que se susurra en su modo de respirar: 
ese deseo poético que nunca será palabra. 

Luego la memoria te devuelve unas cosquillas detrás de la nuca, 
que se ramifican como unas agujas que puntean el interior de la médula, 
como si fuéramos las cuerdas de una guitarra, 
provocando incluso espasmos colgados de las pestañas 
y obligándonos a cerrar los ojos sin más elección,
y con una idea permanente de reflujo, que dice, "estoy desollada".

Me gustaría que esto, que para mi es hacer el amor,
fuera lo más cercano a la muerte"





martes, 23 de julio de 2013

Elsa busca tesoros: así es la vida

Madrugada del 23/07/2013
Insomnios de la 01:48 hrs.


Menos de un verano.
Me queda menos de un verano, y ya no quiero estar ni aquí ni en ningún sitio.
Me siento más niña que habiéndolo sido una vez.

Parar, hoy sé que no es de cobardes, forma parte del universo, por eso, la vida tampoco es eterna: ¿acaso el ser humano puede creerse ser inventor del "reciclaje"?

Menos de un verano me queda para comenzar de nuevo o para terminar para siempre.
A final de septiembre comienzo un recorrido que probablemente me tendrá en un éxtasis que va entre la creación y lo salvaje de luchar por permanecer con los ojos abiertos a este mundo.
Había pensado, llegado el momento, cerrar la cuenta, simplemente porque cuando termine el tratamiento, quiero volver con mis ganas y mi nueva vida, e incluso compartir mis momentos y el fruto de lo que vaya acumulando durante esa etapa; pero en el caso de que las cosas no vayan bien, lo que tengo claro es que no quiero una cuenta abierta a mi nombre, y mucho menos dejar la posibilidad de que nadie (así sea mi voluntad) comente o diga lo cacho perraca o lo cachorrita que fui.

Parar, hoy sé que no es de cobardes, forma parte del universo...
Me dijeron que disfrutara de la vida. Que hiciera de este verano el mejor para mi y para los que me rodean; y me siento feliz y orgullosa porque poco he cambiado el orden de mi vida. Amo al límite a quienes me rodean (no necesariamente a los que me aman)
Sí es cierto, que en estos tres últimos meses me he dedicado a hacer cosas que uno acumula como "pendiente", "pendiente", "pendiente"... he actuado en un teatro, he presentado un programa de radio, he vuelto a tocar el piano, he entrado un camino que se olvida del miedo y la timidez. Hacerlo antes no hubiera sido lo mismo. Ahora era el momento.
Me dijeron que disfrutara y así hago: vivo, amo, escribo.

Parar, hoy sé que no es de cobardes, forma parte del universo...
No voy a esperar a septiembre.
No soy famosa. Tampoco lo deseo si eso implica tener que pedir perdón por existir.

No sé si alguno está de acuerdo en que las redes sociales confunden persona con personaje (yo desconozco como es lo segundo) y es por eso por lo que en ocasiones se nos somete al insulto, a la vejación, a la difamación por parte de personas que, si te conocen no debió ser lo suficiente, o que sin conocerte te hacen protagonista de sus miedos personales (sin palabra mediante) por, supongo, la proyección que cada uno tiene frente a los demás. 

Será la obscenidad de un vocabulario metafórico, o porque se fijan más en el largo de una falta para censurar todo lo que tras ello puede ser una mujer (siempre hubo falsos "progres")

No estoy a ese nivel, el precio por compartir lo que hago y escribo a día de hoy es demasiado alto teniendo una sola oportunidad de existencia.
No estoy ya ahí, ni aquí, ni allá, en un momento de mi vida como este, en el que, como dice un amigo, hay que distinguir "lo importante,  DE LO URGENTE" 

Viviré de forma tranquila los próximos meses, con mis amigos, con mi familia, y con los que queráis estar a mi lado a través de la palabra: he sido tan feliz en los últimos meses, las últimas semanas, tan, tan, tan... que este paso, este camino que tengo era totalmente necesario para vivir la intensidad, el límite y la extensión de las cosas. No cambiaría nada, ni siquiera los llantos.

Mis últimas apariciones físicas serán a través de:

- El blog "Un susurro escrito" se seguirán respirando algunos de mis versos, 
- Los lunes del mes de agosto en el 93.7 de RAC MALLORCA de 22:00 a 24:00hrs. seguiré caminando por el mundo poético de la música y el silencio.
- Dos últimas funciones en el teatro (30 de julio y 27 de agosto) 
- Y la presentación del poemario de Lucía Domiguez (Renaciendo en Verso) en Ibiza el 19 de agosto, 




Después, llegará septiembre, lo sé, de verdad que lo sé que...
Parar, hoy sé que no es de cobardes, forma parte del universo...


Volveré, si se me permite.
Y si no, os dejaré "Ensayo para un ser": novela en la que participarán algunos amigos, entre ellos Pedro Andreu quien (creo) se prestará a escribir probablemente el final o un pequeño final para el libro.


Gracias por sentir conmigo y hacerme sentir.
Me lo llevo puesto. 
Sed inmensamente felices.






viernes, 21 de septiembre de 2012

Espero, siempre espero, a que me amen de nuevo.



"(...) pero la soledad me recuerda quien soy"
 <Versos tweeteados (no más de 140 caracteres) de Francisco J. Picón>


Es bastante extraño sentir esta honda inquietud.
La misma que podría tener una tortuga de mar que sale del cascarón, que corre no sabe a dónde salpicando arena hacia atrás para conseguir el mar por delante, para vivir.

Esta necesidad, una vez pasados los años, no cambia por más que lleguemos exhaustos cada día y el sofá sea el recline que nos espera, la única meta donde nuestro cuerpo se desvincula de un "somos" de pensamiento y acción; ansiando, la mente, quedarse tan plana y dura como un suelo de hormigón.

El camino, el largo camino de ida y vuelta, mínimo diez viajes semanales mirando por la misma ventanilla del autobús número 3, estampando contra ella imágenes que se disuelven una tras otra, nos presta la aventura de imaginar (para quien no ha perdido las facultades por completo) mil vidas mejores y ninguna propia. Hasta que llega la parada donde es necesario bajar y sacar los candados que se clavan uno a uno a aquellos posibles sueños.


Que mayor esclavitud, la de mirar alrededor y comprender todas las palabras, saberse un extenso vocabulario y, sin embargo, hablar un idioma tan diferente como para ser extranjero hasta de las cuerdas vocales que visten la garganta.

Es un castigo lento y doloroso.

No soy lejana. Tampoco soy una mujer cercana. 
Simplemente soy y estoy hecha de un idioma diferente, de un silencio aterrador que se rompe con las hadas, y con los extraños seres que me rozan los dedos y me agarran en esa voluntad de amasar las nubes, contemplar como piratas un mar rojo o un lago rosa.

Ya no me asusta el paso del tiempo.
Me asusta que pases tú, y no te quedes a mi lado; y me asusta no saber cómo decir que te quiero, que las palabras las trago antes de pronunciarlas y luego no hay quien las encuentre. Siempre tengo el miedo tiñendo los ojos, el mismo miedo de "un carne roja" cuando se acerca el cazador para rematarlo con un machetazo para ahorrar en munición.

Mi reloj no hace tic tac, hace un intermitente tic que molesta. Mi corazón no hace "pompóm", da tumbos descompensados y acelera y desacelera hasta quedarse dormido de vez en cuando. 

Cantaba a escondidas, rezaba en público, y soñaba bajo las sábanas.
Ahora canto a todas horas, me escondo del público, y bajo las sábanas dejo el colchón desnudo que, sobre ellas, me gusta hacer el amor.


Con la fragilidad de un pétalo deshojado, mantengo erguido el tallo leñoso y el orgullo de seguir viva, con círculos concéntricos que hablan por mi.

Saludo la mañana y espero, siempre espero, a que me amen de nuevo en el ocaso de mis mejillas, en el blanco de los ojos, en el rojo de mis besos. En ausencias de vergüenzas, en venganza de los miedos.

Espero, siempre espero a que me amen de nuevo, aunque yo (cierto sé) no sepa amar.


MAYTE ALBORES 


jueves, 12 de julio de 2012

"Little Girl Blue"




Me llamo Mayte. Mi nombre se debe, igual que mi persona, a un cúmulo de acontecimientos casuales que nada hacían presagiar que yo iba a estar aquí. Eso, ya tiene matices de un destino que, tal vez, determine que mi sombra sea lo que voy a contar ahora.

Importarme la imagen o la proyección de mi persona, me importa poco que menos a estas alturas de la película (y esta resta sumatoria de insignificancias por las que no caer, son las que me mantienen en la órbita de seguir haciendo y haciéndome fuerte). Es por eso que, con precedente y antecedentes, cuento qué es lo que me acontece ahora y cómo la vida se burla continuamente de esta mujer.

Conocí a una persona muy especial. De esas personas que te llegan en el momento que necesitas un masaje cardiaco para no morir. De esas que te leen las manos y auguran providencia esté o no escrita porque la escriben sobre el infortunio. De las que calzan tus zapatos para compartir las huellas...

En nuestras conversaciones de "vaivén" me hizo la siguiente pregunta:
- Mayte, ¿no te ha pasado que en tu vida se repiten continuamente los mismos patrones?

Yo, pensé y pensé, pero en ese momento no supe contestar nada concreto.

Días después, llegué y le dije:
- ¡Ya lo sé! Sí, ya sé cuál es el patrón que se repite en mi vida continuamente: la distancia.

Mi vida está marcada por la distancia, por los huecos, por los espacios con huellas que quedan grandes a la planta de mis pies y aún tirándome de cabeza con todo mi cuerpo sería incapaz de supurar cuantas marcas deja lo que un día estuvo y ahora marcha...

Las personas más importantes de mi vida han tenido que marcharse, a otra ciudad, a otra vida o otra muerte.
Las personas que podrían haber sido importantes en mi vida han tenido que marcharse, a otro momento o a otro estadio.
Y yo, aquí me quedo viendo pasar las estaciones y cómo pasa mi propia vida, contando palillos, marcas en la pared, días del calendario, olvidando la edad que tengo y, sumando heridas sin cabida y sin piel. Y me hago pellejo y destilo un músculo desvalido y desprovisto de carne y grasa. Ardo.

Sí. Apuntando con un dedo sobre un mapa tengo ciudades, casas que visitar.
También puedo leer lápidas y contar anécdotas al aire, de ésas que sólo sabe uno y que, egoístamente se traga de golpe para no ser "pillado" en lucubraciones. Y allá aquel que lo haga, que lucubre presunciones como un arquitecto ideando obras, que yo mi tiempo lo persigo con guantes para robarle lo máximo que pueda.

He desaprendido a rezar al escuchar a Bob Dylan y a Janis Joplin. En las fiestas de aniversarios (cualesquiera que sean) no me importa bailar paquito el chocolatero, que de vez en cuando la verbena con la macarena tiene su aquel.
En las noches, cualquier cantautor del siglo que sea que fríe las entrañas y las sirve desprovistas de paja y pan, es buena compañía, y al tiempo, juego a ser inmune a la muchedumbre y asfalto duro sobre el que sería imposible caminar descalzo.


Quisiera hacer como Thelma y Louise y huir en un viejo coche con el mar dentro de la maleta; una terapia que me dejase inmune al infortunio de no asumir mi propio yo en esta soledad que se multiplica cuando te acostumbras a las sonrisas que abrazan, a la complicidad que te sabe.

¿Sabes?
A veces  creo que todo lo que toco se convierte en cambio.
Sí, esa es la historia que se repite, Ana.
Esa es la maldita historia que se repite.
Son "hasta luegos" de trampolín, que por aquí (o por allí) la voluntad está por encima de todo, y déjame que te cuente que siempre os veo pasar para ir a algo mejor.

Por eso, ¿para qué rezar?, es mejor seguir siendo una "Little Girl Blue"... nada nos pertenece más que el sueño.





lunes, 9 de julio de 2012

Querida amiga

Hoy me he levantado con un panal en la cabeza.
Mis rizos parecían un nido para todos los zumbidos enredados dentro y sobre mi.
En estos casos, de días nublados con rayos bien definidos dibujando mis ideas, doy vueltas de campana en el colchón y pateo las sábanas como si fueran sacos de boxeo, que terminan haciendo función de alfombra, luego de vestido romano cuando me levanto enrollándome en ellas como una egipcia en el panteón.

Recuerdo como, antes, cuando la ciencia no era más que ficción, a los enfermos de epilepsia se les consideraba unos endemoniados. Sin embargo, el tiempo nos deja avanzar en nuestros prejuicios, y cuando eso ocurre uno se pregunta que ¿quién podrá restituir el sufrimiento de un rechazado?

Querida amiga, nosotras estamos enfermas de poesía y amor, endemoniadas y tocadas por los dioses profundos de la necesidad, no queremos curarnos de nuestros males porque son nuestros males el único ombligo por donde nos alimentamos.

Una vez me enamoré de un viejo cuervo que iba perdiendo ese espléndido plumaje azabache. Era imposible comprender cómo una sirena que no sabía nadar y que se arrastraba a los pies de las playas podía haberse fijado en ese largo pico, en ese cielo de alas batidas, y yo, siempre supe que difícilmente podría explicar mis coletazos al aire para atrapar las nubes que aquel cuervo besaba a su paso; pero la vida sólo puede comprenderse desde las cosas extraordinarias.

Ahora, en mi cadera, tengo tatuado un cuervo y verás que mi mano no deja de apoyarse en ese, mi hueso preferido. Nadie lo entiende. ¿Acaso entendemos, si queremos hacerlo, el porqué estamos aquí y cómo, de qué modo, a qué se debe...?

Somos absurdos por naturaleza.
Yo, no sé si te entiendo, supongo que caminar descalza me quema igual que te quema a ti, pero, aún sigo disfrutando de ello, y no pregunto nada más: te curo, me curas, reímos despellejadas y lloramos mientras nos vestimos de nuevo.

Después del cuervo, fui cada noche difunta a un acantilado donde tenía conversaciones profundas con el espacio vacío. Y allí, volví a enamorarme de una pequeña roca que siempre, permanecía espléndida en su sitio, enfocada a los cambios de la luna.
Sabes lo que te voy a decir, querida amiga, que tampoco nadie entendió porqué mis visitas fueron cada vez más frecuentes, y yo no buscaba respuestas para nadie, ni siquiera para mi, porque una única cosa sería cierta de todo lo que pudiera decir: me sentía profunda y llena en esa honda necesidad.

Un día, al volver a ese acantilado, aquella piedra ya no estaba. Me percaté que un joven la había cogido y la había estampado haciendo "eses" contra el abrupto paisaje que nos fue testigo. Lloré y grité desgarrando la soledad de la que siempre había sido consciente y el joven, se acercó a prestarme ayuda intentando adivinar a que se debía tanto desconsuelo.

- He "perdido" algo que nunca me perteneció, pero siempre estuvo ahí, a mi lado.
- Vaya, lo siento - contestó él - ¿puedo ayudarte?
- No. Será imposible entre esta inmensidad volver a recuperar la piedra que has tirado.
- Sólo era una piedra.
- Sobre esa piedra se alzaba la luna. Sobre esa piedra lloré y guardaba las lágrimas que depuré en nombre de un amor sellado: me enamoré de un viejo cuervo sin plumaje al que vi cruzar el reino de los cielos. En esa piedra germinó un musgo de invierno y sobre él la flor más pequeña y hermosa que jamás había observado... por eso sé, que el hombre sólo es un hombre y en ocasiones olvida todo y hasta pierde todo valor al lanzar una piedra porque "sólo es una piedra muda y sostén del paso de los ciclos de la vida".

El joven no entendió una sola palabra de lo que dije (tendríamos que leer un millón de veces para desgranar un millón de metáforas). No se esforzó por entenderme, pero hizo lo que le hizo recuperar su grandeza avivando en mi admiración hacia él: me abrazó y secó una a una mis lágrimas, sembrándolas sobre si: "sólo soy un hombre y quisiera ser esa piedra que jamás te abandonó, por eso ahora me impregno de tus lágrimas"


Seguramente, querida amiga, tú y yo en una heladería disfrutaríamos de un helado de diferente sabor ¿acaso importa? lo que importa es que NOS DISFRUTARÍAMOS JUNTAS: siempre juntas.



martes, 29 de mayo de 2012

CUANDO LA MUERTE DIJO "no soy opción"



Tengo 28 años y dicen que cuando nací caí del cielo, que del cielo quedó un pedazo en mis ojos y que aullaba por las noches, y que por eso tengo un ojo azul profundo y el otro hace vetas verdosas que bailan entre mi pupila. Que miro como un lobo y sonrío como un cachorro.

Siempre, toda vida tiene una vertiente romántica cuando es vista desde fuera, y siempre, siempre, toda vida tiene una etapa de aprendizaje precedido por la superación.

Me llamo Pablo, y mi amiga me ha prometido que contará la historia que quedará estampada en la calzada de mi ciudad. Que bajo mi piel los gusanos comerán lo que parecía un futuro brillante y, que abrazará a mi madre cuando yo no esté.
Mi amiga se ríe y me dice "vaya dos nos hemos juntado", y a veces me canta canciones y me dice "estas sólo te las canto a ti", y aunque sólo se lo dije una vez, ella ya sabe que me vuelve loco y le digo: "no dejes de hacerlo".

Le he escrito muchas cartas que, me ha confesado, guarda bajo candado en una pequeña maleta azul, junto a sus partituras y pequeñas composiciones. Ella no sabe que ésta, será la última vez que lo haga, que he subido muchas veces al último piso de mi vida y luego he bajado y la he llamado. Cuando así ha sido, sin pensarlo ha venido corriendo fuera la hora que fuera, y nos hemos abrazado hasta caernos al suelo y volver a reír después de llorar.

Yo le digo que quisiera ver como es capaz de levantar el aplauso, cantando, de todo un teatro, y que lo logrará. Se ríe y me dice: "tú conmigo". Y le digo lo guapa que es, cómo su sonrisa se prolonga a lo largo de los días en mi memoria, y que mientras pueda le daré la mano y levantaremos juntos ese teatro que está esperando descubrirla, porque me dice, que si yo no estoy para verlo no quiere ni música ni canción. Tiene diez años menos que yo y diez años más de posibilidades.
Pero pienso, que si algún día no estoy, se olvidará pronto de sus miedos y su necesidad de mi, y seguirá con su pasión. Yo ya estoy cansado. Muy cansado.

Mi última frase no será para mi familia. Mi última frase no será para mi chica. Mi última frase será para mi niña, mi niña preciosa: "mi niña, eres muy especial, no des nunca un paso atrás; olvida, si es necesario, que me has conocido. Me avergüenza no haber estado como debía, no tengo nada que ofrecer ni a ti ni a nadie. Aunque dejes de verme, no me iré de tu lado, te mandaré fuerzas esté donde esté y verás que la vida será la respuesta a nuestros sueños, y que tú la sabrás aprovechar mejor que yo. Abraza a nuestro amigo, no le digas que te escribí, y a Carmen, y tampoco le digas nada. Saldrás adelante"


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Tengo 18 años, hace cuatro me quedaban apenas dos cursos para terminar mi carrera universitaria. Pero quería ser una chica normal y contra todo pronóstico, abandoné.
Hace un año, el hermano de un amigo común nos presentó. Y nos reconocimos.
Con el tiempo, decidimos ir juntos a terapia. Eso me daba fuerza.

Con el tiempo, empecé a colarme en el zulo de su trabajo. Me explicaba qué eran unas y otras luces y todo lo que podía controlar desde aquella máquina, "esto es un ordenador superinteligente, mi niña". Mis ojos se abrían hasta dar vértigo, estoy segura, pero es que yo no controlaba casi ni la entrada de mails.

A veces, venía a recogerme al instituto. Yo salía unas horas antes sin que nadie lo supiera y nos perdíamos en mañanas profundas (...)

Un día, me llamó su padre: 
- Sara, Pablo se ha ido.
- ¿Se ha ido?¿a dónde se ha ido? seguro que necesitaba pensar, voy a colgar por si me llama, Paco, seguro que me llama no te preocupes.
- No, Sara, Pablo no volverá nunca más -se cortó la voz por unos segundos, y titubeando terminó la frase- ha dejado una nota diciendo que tus cosas están en el bolsillo de tu mochila y que nos quiere a todos.
- ¿Una nota? qué dices, Paco, qué dices... -me puse a llorar sin saber si gritaba o hablaba o si decía algo con sentido.
- Cariño, él te quería - pi, pi, pi, pi, pi, pi,... la comunicación se cortó.

Salí corriendo y rebusqué por mi mochila. Sí, paseando por la mañana me había dicho muchas cosas, e iba con la maleta colgada de un hombro y yo me reía diciendo: "pareces un compi de clase". 
Encontré en un bolsillo un papel: "mi niña, eres muy especial, no des nunca un paso atrás; olvida, si es necesario, que me has conocido. Me avergüenza no haber estado como debía, no tengo nada que ofrecer ni a ti ni a nadie. Aunque dejes de verme, no me iré de tu lado, te mandaré fuerzas esté donde esté y verás que la vida será la respuesta a nuestros sueños, y que tú la sabrás aprovechar mejor que yo. Abraza a nuestro amigo, no le digas que te escribí, y a Carmen, y tampoco le digas nada. Saldrás adelante"



Al final, él fue parte de ese 10 por ciento de enfermos que, o muere como consecuencia directa de la anorexia, o termina suicidándose. "¿Eligió?"; Eligió un último vuelo y estampar su cuerpo contra el portal donde tantas veces había ido a buscarle, y me preguntaba, "esta vez ¿porqué no me había llamado para abrazarlo hasta caernos juntos llorando?" (siempre decía "tú eres más fuerte y mejor que yo"). No sé cómo pudo, pero casi me voy detrás.

A mi siguiente concierto, no pude subir.
Al siguiente, me quedé en blanco.
Al siguiente, me desmayé.
Y ya no hubo siguientes. Sólo él escucharía, antes vivo, y ahora en esa promesa de acompañarme desde la nada, mis canciones.

(***)

Ya no tendría más amigos como él. Ya no me caería al suelo abrazando a nadie. Difícilmente podría superar esto... 

No sé si podría haber hecho algo más, si hice algo menos, pero nuestra entera salvación  difícilmente está en manos de nadie.
Proyectarme en superar esto, iba a ser una ardua tarea. Al primer gemido de un ser querido me haría salir corriendo provocándome desear siempre la salvación ajena antes que la mía. El trauma me perseguiría durante noches enteras, en las que las sabanas pesaban como una tumba...




**De la novela: CUANDO LA MUERTE DIJO "no soy opción"**
Mayte Albores
Basada en hechos reales
Todos los derechos reservados

martes, 15 de mayo de 2012

Llévate todo



Después de ti,
sólo me queda esperar para
ver el ocaso de todos los días.

domingo, 6 de mayo de 2012

Soy lágrimas de cristal, prisma de colores.
Exploto y me clavo en cada hueco en el que se me permite
a modo de agua filtrada por cualquier espacio poroso por
donde escurrirse, correrse, prolongarse...
Y aviso, que quien avisa no es traidor,
y me libero de traiciones o las disfrazo,
que al final, unos labios calientes vistiendo
de baile último una noche cualquiera,
son la carroña que me permite amanecer,
sobrevivir hasta que la vida me encuentre de nuevo,
y le cante al "amor": ¿qué es el amor?

jueves, 26 de abril de 2012

"Mujeres de agua"

Tengo una degeneración que avanza poco a poco: pérdida de tono muscular, dolor inclemente, cansancio crónico y conexiones neuronales ralentizadas.
A veces pienso que no he tratado mi cuerpo como se merecía, que lo he castigado como disciplina por pertenecer a un grupo social en el que no me reconozco. Pero nada importa ya, autoflagelarse no es el mejor método para avanzar.


Mi juventud es una osada que le reta el pulso a cualquier humano con muchos años rodados. Siempre elegí los caminos más complicados y, como rutina, así debía ser mi destino.

No hago planes a largo plazo, siempre, sujeta al dolor, a la medicación, a las crisis y al devenir, pronuncio la misma frase que deberíamos pronunciar en condiciones extremas y en condiciones superfluas: "¿quién sabe dónde estaré mañana?".

Estoy harta de que me pregunten cómo estoy. De que me recuerden el cambio físico y cómo va minando mi sentencia alrededor no sólo de mis pupilas sino también en el arco de mis arrugas.
Cada vez se endurecen más mis facciones alrededor de la sonrisa y mi mirada cae como una puesta de sol permanente. Pero no por ello dejo de levantarme cada día, trabajar, escribir, y marcar mis pasos como la única meta que a día de hoy puedo plantearme.


No doy excesivas explicaciones aunque, se pueda entrever entre espacio y espacio que aquella que fui ha volado por detrás de orejas mudas.

Siento que camino sobre un precioso techo de cristal, vértigo y observación son las mayores sensaciones que me acontecen, pero soy consciente que en cualquier momento todo podría reventar sobre mi.

Antes, soñaba y, esperaba que en una amplia caída hubiera siempre un entretejido de brazos que amortiguaran el golpe. Pero hay golpes que nos esperan y el simple hecho de intentar evitarlos provoca que nos den más fuerte.

Asumida que al final la vida es una derrota si nuestra pretensión es permanecer, sólo podemos "jugar" a ser y ser nosotros mismos, independientemente de los juicios, prejuicios y "perjuicios" a los que cualquiera sin conocernos pueda disponernos.

Llega un momento en que el aliento es tan corto que, la dirección de éste, termina afinando sutilmente hacia el lugar donde merece la pena, y uno mismo piensa que si esa energía se hubiera optimizado siempre de este modo, habría subido cordilleras ilimitadas con sólo suspirar.

Que la huella hable por mi, pero si ha de hablar solo a medias, que se haga fugaz, me calle, me olvide y ceda el lugar a toda maravilla que se está gestando en cada vientre.




domingo, 8 de abril de 2012

Una mirada a la vida

Ya no hay causa clara para la decadencia de una persona. Y todo parecen causas absurdas para la decadencia de una mujer.
Uno, escribe su propia historia e intenta dosificar informaciones personales para afrontar la comprensión o incomprensión de una forma que permita más o menos su integración social, pero no siempre es posible, y más, cuando se escapan las buenas voluntades como espuma de una botella de cava abierta tras un baile.

Será que el modo y la forma deben seguir protocolos que desconozco, y de ahí, mi admiración por personajes emblemáticos cuya vida fue rara y a la vez extraordinaria, pero siempre basada en una inasumible incomprensión.

Es difícil ponerse en pie asumiendo la juventud y la hermosura como una auténtica broma del destino, como la peor de nuestras suertes si debe ir acompañada de otros lastres.

Apostar por la renuncia, la asocialidad y el silencio extendido también resulta incomprensible, pero no se puede ser anacoreta dentro de un grupo y diseminar la infelicidad que viaja en una mirada triste.

Seguramente es hora de asumir nuevos momentos, desde otra esfera diferente, desde la urna que permite de algún modo descansar de las inclemencias de la rutina, de lo ordinario.

Asumir y plantar cara a lo importante.
No basta con sentirse fuerte, también hay que estarlo.
Seguramente, a medida que avanza la edad, entramos en ese conflicto en el cual nuestro cuerpo no acompaña el ímpetu de nuestras ganas. Éste, no es mi caso.
Seguramente, a medida que avanzan estados físicos derivados de la edad o de la enfermedad, nos damos cuenta que apurar el límite nuestra vida puede ser un acto inconsciente si no se tienen las herramientas necesarias para poder caminar con entereza.

El cansancio y el dolor crónico, es un envejecimiento prematuro y un deterioro físico y emocional que no debe ganarnos el pulso.

¿Juventud y hermosura? para qué, si en la locura de estar y sobrevivir, el estado de alerta deja que se escapen los mejores momentos porque el único estado de conciencia es el de recuperar las fuerzas para dar pequeños pasos que, para el que tiene piernas, es una acto natural de por sí.

Normalidad y naturalidad compiten con la especialidad de ser un funámbulo de la vida. 
Y ahí, los que caminamos sobre el alambre dejándonos a merced del viento y esperando que, si viene algún revés, alguien sepa adivinar nuestra caída desde la posición en la que este.


Por favor, que no llegue el lobo y sople, y sople, y sople,... que ni todos somos cerdos ni todos tenemos casas de ladrillo, algunos, aún "somos nada" y creemos en los sueños.


A Marga, sinónimo de esperanza.
A los enfermos de fibromialgia.
Al desgarro que nadie atiende.




miércoles, 15 de febrero de 2012

Maravilloso blog, donde las musas pueden danzar en colores...


http://juancarlosboveriarte.blogspot.com/

sábado, 11 de febrero de 2012

Mi carne está en mi

Ningún poder de instintos y deseos de piel supera la necesidad de ternura.

Los ojos que me desnudan de ropa cual lobo hambriento atrapando a su presa,
se olvidan, que el carmín de mi sangre cubriendo latidos es más poderoso que una lengua sosteniendo la columna de otra boca.



Es hermosa mi piel desnuda y de un dulce sabor caliente entre los extremos más fríos; perfumada de hormonas que se rinden entre besos que no llegan a difuminarse en el tiempo.

Es hermosa mi piel cicatrizada de incertidumbre, que se descubre de sutiles velos y en las manos de un amante.

Es hermosa mi piel cuando es mimada, y no solo se culmina de lejanos deseos de uso-desuso, que intuyen de ella, tan sólo, el sostén físico de un cuerpo.

Mi carne está en mi, y mi poder, en el viento, que llega a ti.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Acordes de soul, una infusión humeante combatiendo el invierno y soledad oscura.
Me descalzo y engarzo mi cuerpo en una silla giratoria, y sueño más rápido de lo que mi mente puede pensar estando despierta.

Tengo miedo: la noche aplasta mis ojos y me aflige tanto como no poder tocar los recuerdos.

Te echo de menos irremediablemente.
Tus párpados ya no me apuntan con sus pestañas, y tu voz, apenas juega en mi garganta.
Me acaricio en tu nombre, pero sólo hay hielo sobre mi.

Se suceden los días, y duelo y resignación han hecho las paces .
He dejado de llorarte. Me he resignado. PERO NO TE OLVIDO: es, ahora, cuando te creces en mi siendo un mito.

sábado, 28 de enero de 2012

En mi y de mi, sólo ve el que tiene alas en sus ojos.

No soy una persona fuerte.
Ni siquiera se si soy o quiero ser una persona.
Rozo la anormalidad y me caracterizo por hacer en cada momento lo que me da la gana, pero, he de confesar (a mi misma, básicamente) que a medida que pasa el tiempo, me quedo sin peaje para pagar lo que supone vivir "a mi manera": no es una tendencia autosuicida fumar, beber, follar, tirarse de cabeza y apostar la vida al "todo o nada", tan sólo es una manera de gastar el tiempo como uno estima que debe hacerlo (del tiempo que se nos da, únicamente en eso podemos racionar).

He intentado no desquiciarme.
Caminar despacio como lo hace un secreto deslizado en nuestro oído.
Pero es imposible parar la inercia con la que se mueve todo un planeta.

Silencio y timidez no siempre los llevo de la mano, se muy bien separar el mérito de callar (mérito que no siempre progresa adecuadamente en lo humano), y el don de sonrojar mi mejilla, profanando el blanco de la piel con un rubor promiscuo mientras los ojos vidriosos delatan el "animalillo" que soy ¿y para qué disimular otra cosa? En mi y de mi, sólo ve el que tiene alas en sus ojos.

El sol luce diferente para cada persona, arañando según el dictamen de nuestra piel y el lugar que ocupamos en el mundo: con la piel llena de ampollas y un lugar no definido, me enfundo en el disfraz de la rutina, y aunque parece que todo está en orden, jamás había reinado de forma tan rotunda el caos.

He intentado guardar los alfileres que me hieren, muchos de ellos (la mayoría), con nombre de persona.
Pero los alfileres se alimentan con el miedo, y crecen con él, dañando tanto, que nos podemos pasar la vida corriendo de un lado a otro, sin saber en qué búnker escondernos, ¿nos daremos cuenta que nosotros somos el propio peligro y la única salvación? Al final tenemos una pared en el pecho llena de dagas colocadas en orden y de cicatrices de las que hasta nos sentimos orgullosos.

Amar, sería la única palabra que dejaría en el diccionario, amar en salado, amar en dulce, amar de desayuno, amar de postre, amar, amar, amar... con sexo, sin sexo, con edad y sin edad, con "paro" y sin reparo... pero es tan fácil la teoría y tan difícil cambiar los estereotipos congelados en la hipocresía.

Nunca imaginé que alguien pudiera llamarme poeta.
A mi me tiembla la voz con tan sólo pronunciar esa palabra, pero hace tiempo que dejé de confesar que me aterroriza tal apellido: tengo aún, tanta inmensidad por beber.

Ahora, sólo espero una cuenta atrás, y haber confesado lo suficiente.
No estoy preparada para la decadencia de mi cuerpo. Estoy aterrorizada.
Ya no lloro. Ya no grito. Ya nada me parece injusto.
Me dejo querer, y quiero (mal o bien/bien o mal) lo mejor que puedo.

Al final, es lo único que nos queda, y lo único que queda de nosotros.




Sálvame de esta oscuridad 
de estar inmersa en mi.

(Mayte Albores)

miércoles, 21 de diciembre de 2011

La huida



Hoy un único verso alumbra esta noche de ausencias y luna mordida.
Pero como los mejores versos no son los que se escriben sino los que danzan silenciosos entre el aire, dejo que desde mi retina se quede grabada la estela que iluminaría la mejor de las poesías. Sólo quien sepa leer una mirada, sabrá que hay algo escrito en cada milímetro de ella.

Busco sedienta de sonrisas, y me amparo de buena gana en aquella naturaleza que pareciera muerta y revive en mis manos milagrosamente entre la tinta y un papel. En otras ocasiones no tengo tanta suerte y, ya llena de cansancio, me pierdo en las mayores banalidades, mientras un sólo deseo revolotea la esfera que me permite respirar: ¿ilusión?

Es tan maravillosa la vida y a la vez tan cambiante ante días de rutina que parecen no pasar, que uno se pregunta "¿cómo acceder a ese paraíso que es sólo nuestro y de/para nosotros?"

Es tan dulce el silencio de una noche tranquila y tan hiriente la eternidad de una palabra callada. Es tan grato amar y tan fácil acostumbrarse a ser amado. Es tan complicado despojarnos de todo ese abusivo peso que de nada nos sirve y pasar página así como pasan las estaciones y con ellas los años... que terminar enloquecida entre letras que susurran al oído, sería un final demasiado romántico para ser real, por eso ni espero que ocurra.

Cuando la luna está mordida, intentamos rellenarla con los sueños que nos cuelgan, que son tantos, y seguimos contando los días, aquellos que nunca nos serán suficientes.

De la vida y la "no" vida, el único miedo que deberíamos tener es no haber dicho tantas veces "te quiero" como necesitamos hacerlo, y sobretodo, no haber dado la oportunidad de que nos lo digan.

Por eso, tiemblo como no había temblado nunca, creo que voy perdiendo facultades ¿será el motivo, que en esta noche de ausencias la luna está mordida y a ella se fue mi corazón?

viernes, 18 de noviembre de 2011

Un deseo


Ninguna tormenta se espera a pesar de ver el cielo muy negro, por eso dicen que vivir es un desafío (yo digo que esto, sólo nos ocurre a los humanos).

Lo mejor es hacer apuestas por la vida y, en ella, vivir.

Yo no me calzo zapatos en los días de lluvia, ¿cómo podrían, sino, explicar mis pies, el sabor que tiene la lluvia sobre el asfalto o sobre un trozo de campo? Tan extravagantemente vivo la vida, que por sentir, se derrumban las dos columnas que sostienen la gran entrada que lleva a mi.

Desafiar los principios básicos de cómo deben ser las cosas, es más o menos fácil,  pero aún, no sé cómo desafiar cuando soy yo la que sin hacer señales de humo, resbala lágrimas por dentro. Y hoy, ciertamente, que no tengo ganas de hacer el más mínimo esfuerzo, resbalo.

Ayer, intentaba reconducirme al volante del coche y pensaba, que apagar la intensidad de las cosas sobre cualquier banalidad efímera, no es una solución permanente. Y hoy, ciertamente, que no tengo ganas de hacer el más mínimo esfuerzo, lo compruebo.

Huele a tabaco aunque pisemos la colilla.
Huele al último trago, a la última copa en la que dentro dibujé su nombre. Huele al trote y al galope de un tiempo tajante.
Huelo a todos los pasos que di, y a todos los caminos que han sido mi plataforma, pero daría cientos de días de mi vida por volver, por recuperar un sólo minuto del ayer.
Siempre he sido tan boba, que he pensado en mis mayores agonías, que podría incluso resucitar a los muertos.

Y despierto del éxtasis y salgo de ese escondite al que me lleva la luna. Y ya no quiero oler a nada, ser aséptica dentro y fuera de este segundo eterno que me ha tocado vivir.

Duelo tanto que a veces incluso puedo escuchar la carcajada del sol en una noche con amanecer directo (¿dónde se irán los sueños en todas esas camas despiertas, en todas esas sábanas usadas de pañuelo, en ese mundo al revés donde se comienza a vivir cuando se está llegando al final?)

Sólo tengo un deseo: volver a nacer dentro de ti, ser una célula de tu sangre, cosquillearte, abrazarte, respirar-te cuando no tengas fuerzas, darte el calor que el frío te roba, y sobretodo, no enamorarme de nada en concreto y seguir siendo la misma adúltera que se enamora de todo. Así, somos los excéntricos, alta montaña elevada y alzada al horizonte, con despeñadero interno en el que nos vamos desmoronando invisiblemente por la brisa de un copo de nieve.

Así, soy yo.

lunes, 24 de octubre de 2011

El recuerdo de Martín en "Colga2"


Un fado lento que dice "ai vida", impregnando los pedazos que quedan de mi entre piel y piel, no sé si es la mejor de las opciones para levantarse de nuevo y seguir.

Si todavía Martín estuviera a mi lado, me hubiera cogido de las manos para ponerme en pie y apoyar mi cabeza sobre su pecho: tenía un latido perfecto, como perfecto era el corte de sus uñas, como perfecto el sonido de su sonrisa, como perfecto era el amor que yo sentía, tan perfecto que vuelve a darme miedo pensarlo, por si también me roban mi capacidad para recordar lo bueno y lo malo de todo aquello.

El porqué, no lo sé, pero sí es verdad que hay días en los que sonríes más que otros, en los que disimulas más que otros, en los que lloras más que otros. 
El porqué, no lo sé, pero he odiado tantas veces esta vida, este dolor que me convierte en un débil susurro de mujer envenenada por un amor sin pretensiones ni disposiciones.
Y a Martín, "el amor y el hombre", también, también lo estuve odiando mucho tiempo, porque aunque yo sabía de todas sus mentiras, dejaban de importarme cuando me besaba.
Ahora, que ya no tengo ni besos ni mentiras, estoy totalmente paralizada entre fados, recuerdos y copas de licor, con esta quietud tratando de encontrar en mi y para mi, el amor que no tuve de otros (lo más coherente, tal vez, para empezar de nuevo, para empezar bien será quererme más que a nadie, y no querer a nadie más que a mi, pero eso es lo que me dice mi coherencia social, mi corazón sigue siendo una república).

Éste podría ser un buen comienzo para empezar mi sesión de Alcohólicos anónimos:
- "Lo amaba. Lo amé y lo amo. Me mentía, y yo creí que cambiaría una y otra vez. Y lo esperé cada noche a deshoras. Y dejé de utilizar mi perfume para ponerme el suyo y seguir oliéndole en sus días de ausencia. Y seguí, en los momentos especiales, preparando el cava o el vino para brindar  a su llegada, por nosotros, y al final, siempre se convertía en borracheras solitarias de alcohol y llanto".


Lucía me dijo que ella se enamoró de un hombre en París, y que tampoco lo ha olvidado, me  sorprendió su historia y mucho más que le hubiera pasado a ella, tan guapa, tan segura, tan inteligente, "tan tanto". Pero ya me dijo, "Lola, tú sabes que a veces, las montañas no son  roca dura, sino acumulación de granos de arena que al primer soplo se tumban".
Su historia parecía la de una trágica película, la típica historia que tocaría empezar muy bien, que por un momento se pone "fea", pero siempre tiene ese final feliz (el que aún, Lucía, sigue buscando; el que aún, a Lucía, no le ha llegado).

Y yo le pregunté que porqué nos pasa esto, porqué nos tenemos que "colgar" de todos los mamarrachos que tienen un máster en provocar soledad e inseguridad: "Cariño, no son ellos, somos nosotras que nos vestimos de cebo, y al final somos cebo, gancho y presa".


Le dije a Lucía: "definitivamente, ya he dejado de pensar que el amor me haya tratado mal, creo sencillamente que no me ha tratado nunca".

(De la novela inédita "Colga2" - Mayte Albores)
Todos los derechos reservados en el Registro de la Propiedad Intelectual




lunes, 3 de octubre de 2011

Apuntes sobre 'Prosa a un poeta' (Mayte Albores)

"Mi muerte más dulce sería caer sobre su voz y verso.
Sé de memoria cómo el sonido de su boca surca mis venas, dilatando aún más que el latido, y con la forma del torrente que encoge el espacio de mi cuerpo..." (Prosa a un poeta - Mayte Albores)
"Llena de nostalgia la luna se encoge como yo, en esta larga noche donde los recuerdos estaban tan vacíos como mis manos.
La belleza se astilla paso a paso para clavarse en el espacio de mi frente, que sangra las espinas de una corona que no elegí.
¿Y QUE HAGO YO CON ESTA VIDA QUE SE ME OFRECE?
Con esta vida que se me ofrece, y a la que escribo desde el infierno de una razón, que nunca estuvo en manos la humanidad..."
(Prosa a un poeta - Mayte Albores)
 
 

domingo, 28 de agosto de 2011

CAMINANDO



Querido amigo,

Hay un cúmulo de silencios de gente, personas a las que uno quiere, que se arrodillan frente a mi. A penas me he puesto en pie, y sé, que cada vez que tiendo la mano, pierdo el equilibrio, caigo, y luego me cuesta horrores levantarme del fango sin ningún punto de apoyo. He gastado muchas energías guardando la calma en este cementerio de palabras.
Y esos silencios, me llegan como pequeños desgarros de tiempo vacío, en el que recuerdo cómo cosimos banderas de abrazos para sombrear por encima de las penumbras, y parece, que con el mal tiempo todo vuelve, y nos preparamos para un invierno con soles bastardos.

Hago penitencia, será que he sido mala, un diablo disfrazado de mujer y de deseos, la serpiente amiga enredada en un cuello regalando aliento-flujo-y piel, o la mordida de una cobra a la manzana de blancanieves.

Ahora, voy caminando a la deriva, como abandonada a mi suerte, y dejando gotas de sangre y sudor mientras recorro un safari, a pie y sin destino. Grité tanto cuando aquel "Jeep" me aparcó en una orilla, grité sin descanso como si hubiera sido enterrada viva, y arañé mis cuerdas vocales, pero aquel todoterreno dio gas, y lo vi marchar para hacer ruta.

Las noches, cuando estás perdido, siempre son frías, da igual que sea verano.
Las noches, cuando estás en soledad, siempre son sonoras amarguras con cantos de lobos escondidos en el bosque, y da igual si estás en el desierto.

Los días, son inmensamente largos, mientras las noches, se descalzan para pisarnos por encima y terminar de moler lo que queda de nosotros. Así, en los nuevos amaneceres, nunca estamos descansados, pero abrimos el armario con impaciencia, y buscamos entre las perchas la sonrisa que mejor encaje con el día nuevo: tallaje, color y forma son importantes (y así funcionamos, porque no es lo mismo una sonrisa al gritar un "viva los novios" que una sonrisa cuando le dices a la vecina "que guapa se ha puesto su niña, a su chico lo vi el otro día y ni lo reconocí")
Vestimos de normalidad, de moralidad, y de alegría todos los días, y los días, al final, sólo son perfectos si logramos ser nosotros mismos, porque, no se trata de vender nuestras miserias, pero tampoco recluirnos en un personaje inexistente, porque ¿alguien alguna vez supo lo que era la perfección?.


Todavía existe tanto tabú al hablar de la muerte, como cuando se habla de sexo y orgías (todo es pecaminoso si no aludimos a bellezas vendidas, a gatas salvajes disfrazadas de lazos rosas y ternura infinita). Ya lo escribí hace tiempo, y el otro día, lo recordaba en una tertulia un tanto especial (hablaba metafóricamente de mi tumba): Decía, que si naciera por cada silencio y por cada secreto una flor sobre mi tumba, mi tumba no tendría lápida sino jardín.

Apuesto, pensando en jardines, que así, este sería un buen lema para continuar el camino...